Entrevista a Jonas Trueba, por Sebastián Santillán.

La presentación en el marco del BAFICI 2013 de Los Ilusos, segundo largometraje de Jonás Trueba, nos dio la oportunidad de charlar con su realizador, una de las cabezas principales de la efervescente escena cinematográfica que desde los márgenes se está gestando en España. Film luminoso y movilizador, Los Ilusosse perfila tempranamente como una de las obras más destacadas del 2013.
– Presentaste la película como una obra de “entretiempo”, retomando esa idea de François Truffaut sobre la necesidad que se tiene de hablar sobre una película cuando se la ha terminado. Me parece muy acertada como presentación de la película.

Sí, esa fue una frase fundamental, que articuló bastante Los Ilusos. Truffaut dijo algo así como que existe un momento, entre película y película, en que uno necesita detenerse para pensar en lo que ha dejado atrás, para poder dejar hueco a lo sucederá a continuación. Es una idea que la leí cuando ya estaba con esta idea del entretiempo, de lo que transcurre en el “entre”.

En realidad es idea muy de Godard, que por ejemplo habla mucho de los viajes. No solemos atender mucho al viaje en sí mismo. Por ejemplo, cuando coges un avión, lo único que parece interesar es el destino. el trayecto entre el lugar que estás dejando atrás y el destino parece que no cuenta. Sin embargo, en esa especie de limbo que es un viaje en avión, te encuentras en un tiempo abstracto, en el que puedes disfrutar de una emoción particular, en la que pueden surgen ideas.

Me gustaba mucho la idea de hacer una película que transcurriese en un paréntesis..

– Tu largometraje anterior, Todas las canciones hablan de mi (2010), tuvo una producción bastante distinta aLos Ilusos. ¿Qué te dejó esa experiencia previa?

Hay algo importante entre las dos películas, un mediometraje que se llama Miniaturas. Es un trabajo al que le tengo mucho cariño, pero que tuvo una difusión muy subterránea, porque yo mismo no lo moví demasiado, no le dí demasiada difusión. Me arrepiento de eso, porque considero que es muy trabajo muy personal que enlaza muy bien las dos películas.

Ese mediometraje consiste en una serie de imágenes fui tomando con un teléfono móvil durante un tiempo anterior al rodaje deTodas las canciones hablan de mi. Fue un tiempo muerto, varado, en el que no sabía si la película se iba a poder llevar a cabo o no, porque tuvimos muchos problemas con la producción, con el financiamiento de la película. Dimos muchos tumbos, muchas subidas y bajadas, tres productores distintos, muchos problemas. En ese tiempo de espera la pasé un muy mal. Era mi primera experiencia y no estaba acostumbrado a eso. Es una especie de pelea mental, de gestión del tiempo del cineasta que es muy compleja.

Cuando finalmente pude hacer mi primer largometraje, cuando la película estaba montada pero aún no estrenada, me encontré una noche revisando esas imágenes que había tomado con mi teléfono móvil. Eran muchas pero muchas horas que había almacenado en un disco duro. Me emocioné mucho cuando vi esas imágenes porque hasta ese momento había sentido que todo el tiempo previo al rodaje no había valido la pena. Sin embargo, revisando esas imágenes, me encontré con que había grabado muchas cosas bonitas, que me gustaban mucho. Recuerdos de amigos, conversaciones, charlas, vida en pareja, amor… muchas cosas.

Esas imágenes me llamaron tanto la atención que comencé a seleccionarlas, de forma muy intuitiva, sin responder a un guión ni buscar nada. De allí surgió este mediometraje de 40 minutos, que en realidad son como 2 horas de película, porque son doce encuadres, tres tiras de cuatro recuadros cada una. Lo que me gustaba es que generaba una sensación de vida transcurriendo, podías quedarte viendo a una persona en un sitio y a la vez en la pantalla estaba esa misma persona en otro tiempo y lugar. Se trató de una idea muy sencilla, pero que sirve para darte noción del poder del cine, incluso si se lo hace con un teléfono móvil barato.

Los Ilusos contiene bastante de Miniaturas, deseaba que la película captara algo de ese mediometraje. Los Ilusos es como una puesta en escena de lo que estaba puesto en juego en Miniaturas: la vida cotidiana, el tiempo parado, el paréntesis y la espera.

– Los Ilusos tuvo una producción completamente underground, ¿en algún momento pensaste que el proyecto se lo podía realizar de otra forma?

No, la verdad es que tenía claro que no me apetecía trabajar a ese otro nivel, como había hecho en Todas las canciones hablan de mi que, fue una película pequeña y modesta, pero realizada dentro de los sistemas convencionales de producción de España. En este caso, por contraste, el cuerpo me pedía otra cosa. Algo más ligero, más libre, más dependiente de mí. No me apetecía volver a pasar por la burocracia del cine, los productores, la financiación. Simplemente me fui reuniendo con amigos, con el equipo técnico y actores de Todas las canciones para proponerles rodar sin más, ver qué salía. A todos les apetecía, estaban de acuerdo. Lo único que nos propusimos fue hacerlo en pequeños ratos de felicidad.

De todas formas no quiero decir que esta sea la forma de hacer cine, no reinvindico esto frente a lo otro. Me gusta que el cine sea algo amplio, abierto, en el que pueda caber todo, donde puedan coexistir una gran producción y también una producción más modesta. Es lo lógico. Lo absurdo es que durante demasiados años estuvo instaurada en España la idea que todas las películas debían ser producidas desde el mismo patrón. Lo cual es raro, porque dependiendo de lo que estés haciendo necesitarás una cosa u otra. No es lo mismo si estás haciendo una película enorme o una íntima, si estás haciendo una película llena de personajes o si no estás siquiera contando una historia. En función de esas necesidades debes rodar con una cámara más grande o más pequeña, con un equipo más amplio o más reducido, en un rodaje más concentrado o en un rodaje más dilatado. Todo depende de lo quieres mostrar, de lo que quieres que se palpe. Finalmente la película depende de las necesidades básicas.

– Los Ilusos la filmaste en fílmico, en formato Super 16mm. ¿Se podría haber hecho esta película en digital?

Un poco todo vino dado junto. Un tío mí que es documentalista, Javier Trueba, que es documentalista, que tenía una cámara muy vieja, la Arriflex SR1, la primera que había usado de joven, con la cual había incluso había filmado hace unos años los yacimientos de Atapuerca. La cámara estaba allí, yo sabía que ya no la usaba. Es que hoy ya nadie rueda con ese tipo de cámaras, incluso los cineastas que ruedan en fílmico usan cámaras mejores, la SR1 es una cámara muy vieja, pesada y ruidosa. Pero es una máquina muy noble, me encanta porque es de esa clase de máquinas que nunca te decepcionan, nunca se estropea. Sucedió también que había negativo sobrante de una película de Javier Rebollo (El muerto y ser feliz). Entonces me dije, ¿por qué no hacemos tal vez la última película en fílmico?

Hoy ya no la podríamos realizar igual. El laboratorio donde revelamos todo el negativo ha dejado de trabajar con fotoquímico hace un mes. Hoy solo quedaría revelar fuera de España, en algún otro lugar de Europa. Se va complicando cada vez más, incluso Kodak está poniendo más caro el material fílmico.

Me temo que nuevamente nos han impuesto un modelo, nos están diciendo que tenemos que rodar con el soporte digital X. Que estoy seguro que rodaré sobre ese soporte, pero me gustaría tener la opción de elegir si de rodar en digital o no. Lamentablemente siento que ya no tendremos esa opción, se convertirá en un lujo exclusivo para Steven Spielberg, cuando éste decida que quiere rodar en 35mm.

¿Sentiste que esa forma plástica que brinda el soporte fílmico en blanco y negro podría llegar a asociar a la película con cierta idea de nostalgia?

Sí, lo sabía y me preocupaba. Pero decidí que me daba igual, que lo iba a asumir así. Por supuesto que los materiales definen mucho a una película. Es verdad que el hecho que sea una película rodada en soporte fílmico, Super 16mm, blanco y negro, puede darle una aura de anacronismo, nostalgia por otro tiempo. Sin embargo creo que eso está usado en la película para revertirlo. Es decir, yo no hubiese hecho la misma película en digital. Lo material es muy importante en esta película. El plano respira celuloide. Muchas veces no daba corte en la toma, dejaba que siguiese la acción hasta que se acabase el rollo. En muchos momentos de la película el corte lo da el fin del rollo dentro de la cámara.

Sabía que deseaba hacer una película primitiva, con bastante en bruto. El fílmico me daba mucho de eso, porque el tono intuitivo que tenía en la cabeza iba en consonancia con el soporte con el que lo estaba filmando. Me parece que van de la mano. Porque la película tiene esa cosa del bruto, de película que no se ha acabado de hacer, las cosas están más bien bosquejadas. Eso en digital no tendría mucho sentido, porque ese soporte te lleva a una “perfección”, un hiperrealismo que es frío, porque el digital no deja de ser numérico y por lo tanto no deja de ser una interpretación matemática de la realidad. En cambio el celuloide es lo contrario, tiene un aura mágico que tiene que ver con el ilusionismo, algo que se revela dentro de un trozo de acetato. En ese sentido entronca con la idea de Los Ilusos, que están en esa especie de limbo no se sabe bien qué se va a revelar.

Para mí es importante haberla hecho en fílmico porque se tiene ese halo de misterio. Cuando ruedas en celuloide, no sabes qué te va a resultar después, no sabes cómo te salió el plano hasta el revelado, no sabes si al chasis le quedan 30 o 35 segundos, o si el corte va a estar 5 segundos antes o después. Eso tenía que ver con la propia historia que estaba contando, con el bosquejo, lo tentativo, con esa idea de película haciéndose.

El rodaje el fílmico sin guión previo, marcado por la idea del esbozo e indagando sobre la materialidad plástica del celuluide, no puede dejar de remitirme a cierta etapa del cine de Philippe Garrel. Incluso uno de los personajes de Los Ilusos tiene una obsesión con la temática del suicidio, una de las constantes del cine de Garrel.

Sí, Garrel es uno de esos cineastas que me atrae de una manera hasta peligrosa. Es un realizador muy particular, al que lo amas o lo odias. Me gustan mucho sus films.

Pero a pesar de esas cercanías, en Los Ilusos se plantea una distancia con esas referencias. Por ejemplo, se ironiza sobre el tema del suicidio, hay casi una burla.

Claro, ironizamos sobre eso. Creo que la película bebe de determinadas cosas, pone sobre la mesas determinadosclichés, como mortuorio, el suicidio, la muerte del cine, para luego revasarlas, pisotearlas, ironizarlas. Pero sí, Garrel es un cineasta esencial, lo mismo que Eustasche, que era como su hermano. Tal vez este último es un cineasta que me ha tocado más, porque fue un cineasta muy de lo cotideano, de lo literario, más próximo a la conversación, a lo dicho. Es algo que me gusta mucho, la palabra, filmar a la gente hablando.

La segunda parte de la película se va esbozando algo cercan a una historia. ¿Cómo fue surgiendo eso?

Llegamos a eso por acumulación. Cuando empecé a rodar la película, lo hice con muchas ideas que estaban en el aire, que fui viendo si iban a encajar o no en función de lo que iba rodando. Algunas ideas que tenía se quedaron en la película, mientras que otras quedaron solo apuntadas o se perdieron completamente. Algunas me hicieron sentir más fuertes y necesité estirarlas, prolongarlas.

A mí me gusta mucho trabajar con una situación, con una idea y, si me realmente me gusta, ir estirándola hasta ver a dónde te lleva. En ese sentido me gusta que la película no sea la misma al principio que al final, que al principio es más tentativa, mientras que al final, luego de todas esas vueltas, encuentre una historia, que además es muy simple: tan solo dos que van al cine y se conocen.

Es que realmente es una una película muy luminosa.

Es la película más simple del mundo y también eso te da una esperanza, porque sino la película se hubiese quedado en un callejón sin salida, solo rebotes de personas dándose contra una pared, donde nada se desarrolla y todo queda estancado. Eso no me hubiese gustado.

Sucedió que, luego de tres o cuatro meses de rodaje, me fui contagiando del espíritu optimista que brotaba de la película y me di cuenta que deseaba llegar a armar una ficción, aunque sea pequeña. Y finalmente lo hice. También sucedió que conocí a Ana Garrido, esta actriz que aparece al final del film y que con su llegada conmocionó todo. Me obligó a madurar, a planificar un poco más, a cambiar la puesta en escena. Me obligó a finalmente decidirme a contar esa historia del principio de un posible amor.

¿Cómo sentían los actores, y también las simples personas que aparecen en el film, el comenzar la película sin un guión previo?

Todos confiaron mucho, lo cual es una locura. Todavía lo pienso y me digo lo majos que fueron. Muchas veces venían a rodar sin saber lo que estaban rodando, a qué respondía, si era una secuencia que luego se iba a desarrollar más o no, si su personaje se desarrollaba o no. Había al final una frontera muy difuminada en la cual no estaba muy claro qué estaban representando. Siempre les decía lo de pensar en verse a sí mismo como personajes.

Había un pacto implícito por el cual si los actores estaban allí desnudos y expuestos, yo y todo el equipo técnico estábamos igual de desnudos, despistados y lanzados a una aventura incierta. Todo el mundo estaba trabajando con nada. Así como los actores trabajaban sin guión, el director de fotografía trabajaba casi sin luz, el director de arte trabajaba casi sin decorados. Yo trabajaba casi sin dirección y sin historia. En ese sentido íbamos todos muy parejos, nadie tenía ventajas sobre los demás.

Si bien tu primer largometraje es de 2010, no puedo dejar de imaginarte como alguien a quien el cine atravesó durante toda la vida.

Sí, pero a veces está la sensación que como soy hijo de un cineasta, he hecho esta película que un poco es sobre el cine y en mis películas se transmite cierto amor por el cine, a veces se establece una idea de mí como un loco cinéfilo. Lo cual no es cierto, no me considero ni siquiera cinéfilo, si nos referimos a la cinefilia de verdad, la gente que ve muchísimo cine con locura, que no puede estar sin ver películas. Yo no soy así. Por supuesto que he visto mucho cine, he tenido el privilegio de vivir en una familia donde el cine estaba muy al alcance de la mano de una manera muy literal, pero no me siento esencialmente cinéfilo, tengo muchas lagunas, mucho cine por ver y me lo tomo con calma.

También escribís sobre cine, tenés tu blog, he leído artículos tuyos en la Caimán.

Sí, escribo sobre cine, pero intento hacerlo tratando de transmitir cierto entusiasmo por obras sobre las que no se escribe demasiado en la prensa generalista española. Es importante la transmisión del cine, algo que también es muy importante en Los Ilusos. Se trata de eso: de transmitir el amor al cine, pero no en el sentido de vivir todo el tiempo viendo películas, sino en el sentido de ver, compartir, hablar, debatir. Tomar al cine de manera muy imbrincada interiormente, al punto que se confunde con la vida cotidiana.

El tipo de cine tan personal como el que representa Los Ilusos, ¿solamente se lo puede hacer con amigos?

En parte sí, siento que es importante la forma en que ruedas. Las películas están muy condicionadas por el sistema que inventas para hacerlas. Es muy diferente cuando haces una película con amigos íntimos, que te conocen mucho, con quienes tienes una gran confianza, que cuando te decides por un rodaje mucho más amplio donde te encuentras con técnicos que apenas te conocen, que simplemente están allí haciendo una película más. Eso también me gusta, pero creo que generan dinámicas de trabajo muy distintas, por lo que obtienes películas distintas que se perfilaban distintas desde el comienzo.

En el cine español que desde los márgenes se fue gestando en los últimos años, siento una fraternidad entre los distintos realizadores. Se conocen entre sí, siento un apoyo mutuo.

Sí, es así y es algo muy bonito, el otro día lo hablaba con Elías [León Siminiani]. A veces lo pienso en relación a la generación de mi padre u otras generaciones del cine español, que han pecado de estar cada uno en su burbuja. Algunos empezaron como grupo, pero luego se separaron. Quizas nosotros también nos acabemos separando, tal vez es algo inevitable, pero espero que no sea así. Porque sinceramente esa idea de fraternidad que dices es muy bonita.

Creo que todos tenemos entusiasmo, incluso a pesar que en España está muy difícil la situación para hacer películas. Hay una comunidad, una red de gente amiga que quiere hacer cine. Cada uno hace cine de maneras muy distintas, en la forma que quiere. Pero lo que se tiene en común es que se trata de gente que no se hecha atrás, somos personas con ganas de hacer cine y lo vamos a hacer.

Además se nota un gran entusiasmo por los proyectos de los demás. Por tu película había grandes expectativas por lo menos desde el año pasado. Durante el Festival de Mar del Plata se habló bastante sobre Los Ilusos, a pesar que ni se la había terminado. Lo mismo sucede ahora con La Herida de Fernando Franco, de la cual recién acaba de terminar su rodaje pero ya estamos todos a la expectativa.

Es verdad y es bonito porque es sincero. Hay una sinceridad y entusiasmo sincero de unos a otros. Es muy grato poder asimilar a cineastas amigos, cineastas de tu tiempo y de tu edad. Tal vez es algo que los cineastas del nuevo cine checo tenían, así como lo tenía la Nouvelle Vague o el neorrealismo. Los grandes momentos de la historia del cine, y no es que nos esté situando a nosotros ahí, siempre han venido dados de la mano de un grupo de amigos cineastas. Es muy bonito vivir un momento en que estas realizando una película, pero a la vez otras personas amigas te están inspirando, te están haciendo pensar.

Mi padre tiene la teoría que toda la gran época de la comedia italiana, que va desde los ’40 hasta los ’60, en realidad lo hacen hacen ocho amigos: tres guionistas, dos actores y tres directores que están en todos los créditos de las ciento cincuenta más importantes comedias italianas de la época. Eran personas que se encontraban en los bares y charlaban, compartían, que luego hacían películas distintas, pero había algo ahí que se contagiaba una de otra. Lo mismo sucede con la nueva ola chica, el Free Cinema o la nueva ola taiwanesa. Eran cineastas que habían compartido mucho, aunque luego cada uno hiciera lo suyo a su manera.

Hablás de tu padre, Los Ilusos está dedicada a él. Es evidente que ha sido una influencia fuerte en vos.

Sí, sin dudas. La película está dedicada a mi padre porque, en esa idea de transmisión del cine, él fue una persona fundamental para mí. Él me transmitió ese fuerte amor por el cine que tiene. Es una persona que le gusta el cine de una manera muy amplia.

No puedo dejar de recordar cuando tu padre ganó el Oscar en 1994, aquel discurso agradeciéndole a Billy Wilder me pareció el mejor discurso jamás realizado en los premios de la Academia.

Sí, fue un momento muy bonito, pero a mi padre, aunque le gusta mucho el cine de Hollywood de esa época, también disfruta mucho otro cine. Me ha hecho ver a Eustache y a otros cineastas que no tienen nada que ver con Hollywood.

Hay una parte de la filmografía de mi padre que es mayormente desconocida, sus primeras películas. Hay una película suya que me hace recordar mucho a Los Ilusos, se llama Mientras el cuerpo aguante. No la conoce casi nadie porque es una película de maldita, de culto en España. Es de 1980, mi padre la rueda mientras mi madre está embarazada de mí. La rueda muy rápido, en dos semanas, para llegar a mi nacimiento. Siento que esa película entronca con Los Ilusos de una forma bastante directa.

Plasteás que Los Ilusos es una película de entretiempo. ¿Cuál será el siguiente movimiento?

Pues no lo sé. Lo que me gusta de Los Ilusos es que cuando termina se libera una especie de felicidad, el personaje principal siente una liberación ante la interrogación sobre su siguiente paso. Se deja llevar, metiéndose él mismo dentro de su propia película. A mí me pasa un poco lo mismo. Siempre tengo ideas en la cabeza que van rondando, pero veremos cómo se da.

En algún momento pensé en que Los Ilusos continuara, no como continuación, sino como Rayuela, que pudieses leerla de formas distintas, que pudieses verla en nuevos montajes con capítulos que se incluyesen en ella. Veremos si más adelante tenemos ganas de retomar el espíritu del rodaje.

*Entrevista aparecida en la revista marienbad : http://www.marienbad.com.ar/entrevista/jonas-trueba

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