Volantín Cortao (2013) / Acercarse a lo ajeno.

Parecía que el tradicional acento del cine chileno por el turismo social estaba superado. Más bien que el llamado “novísimo cine chileno” lo había echo olvidar, ya que preocupado este por describir individuos sociales más apartados de la “comunidad” y en cierto modo desmarcarse del cine “social” tan presente en chile desde el inicio de su cinematografía, había preferido trabajar desde la zona de confort y representar mundos conocidos, sepultando esos intentos siempre caricaturescos de dar una visión del mundo popular y clases sociales más desfavorecidas.

En “Volantín Cortao” de Diego Ayala & Aníbal Jofré (2013), Paulina (Loreto Velásquez) es una estudiante de trabajo social que se encuentra haciendo la práctica profesional en un centro del SENAME, en este lugar conoce a Manuel (René Miranda) un adolecente que ha sido designado al lugar por ser detenido robando en una casa deshabitada, entre ellos surge una amistad/atracción que irá subiendo en intensidad a medida que avanza la narración y a medida que ambos se hacen cómplices. Ella vive con sus padres y su hermana en una zona de clase media en sector oriente de Santiago, él solo con su madre en el sur de la capital, el contraste entre los dos es evidente, más aún si partimos desde la idea que ella cumple el rol de vigilar los actos de este adolecente en el centro – en este sentido hay una diferencia presentada como pie forzado en su relación – pero la corta diferencia de edad entre ambos hace que sus preocupaciones, rabias o frustraciones se asemejen, he aquí entonces como encuentran puntos en común que facilitarán el camino de la narración.

volantin

La inestabilidad de Paulina una joven que “estudió lo que le dio el puntaje en la PSU” – según una conversación que tiene con sus padres -, hace sentido en Manuel, alguien que no ha elegido ninguna de las alternativas que le ha arrojado la vida, porque simplemente no tiene mucha alternativa, él más bien enfrenta el circulo en el cual está inmerso con cierta resignación.

La pareja de directores se centran en las ganas que tiene Paulina por cruzar la línea que divide su posición, de la de Manuel, esas ganas que se traducen en el acercamiento emocional al adolescente y la bajada hacia el abismo. Pero cometen un error, pues ninguna de esas ganas son conscientes, meditadas o con buenas intenciones, si no más bien ella quiere tener una catarsis, perderse, hacer de sus frustraciones algo tangible, y de alguna forma sanarse, el error es por tanto ético y es la razón por la cual muchas de estas películas que retratan mundos periféricos naufragan, en su intento por visibilizar mundos ajenos los encapsulan en códigos reutilizados en otros medios, generalmente la TV, y es extraño pues Ayala ha declarado que la premisa de la película era mostrar a un delincuente más allá de la caricatura de los medios de comunicación, un delincuente con matices. Y en ese aspecto hay que ser justos, las buenas intenciones se cuelan entre esa cámara siempre móvil, se logra ver en ciertas secuencias una preocupación, como la once entre Manuel, su madre y Paulina – no obstante lo débil del montaje en la misma -, el constante acompañamiento desde la espalda hacia Paulina que es como entrar en su transe – deudor de los mejores Dardenne – y el cariño hacia el personaje del adolescente. Es cierto, la película toma riesgos, o más bien se distancia oportunamente de películas que quisieron retratar la marginalidad de las clases sociales segregadas como Caluga o Menta (Gonzalo Justiniano, 1990), Taxi Para Tres (Orlando Lübbert, 2001) o Mala Leche (León Errazuriz, 2004), en todas ellas se repite la constante de la caricatura, personajes sobreactuados, sobregirados, o simplemente dementes, en todas ellas encontramos retratos en los cuales los héroes están representados por antihéroes, relatos que encandilan, que se disparan como fuegos de artificio, pero finalmente relatos tan ajenos a sus realizadores que se desarman, cumpliéndose esa vieja máxima que versa “la mirada extranjera es siempre superficial”.

Y esa es justamente la anomalía de Volantín Cortao, si bien se propone mostrar a un universo y un personaje matizado, nos encontramos con una mirada extranjera, traducida no tan solo desde donde se mire, si no que también en el traspaso hacia una cierta narrativa académica, construcciones de personajes estándares y puesta en escena clásica. Nos enfrentamos con una mirada extranjera esa misma mirada que ya creíamos superada.

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