El Cielo, La Tierra y La Lluvia

El Cielo, La Tierra y La Lluvia
José Luis Torres Leiva desde sus inicios en el cine documental se interesó por los personajes, dibujados sobre un contexto que los sobrepasaba, generalmente encarnados por mujeres sus personajes principales tienen una extraña combinación de rabia reprimida, humanidad y aceptación de lo adverso. Si en Obreras Saliendo de la Fabrica (2005) la protagonista era una anciana trabajadora que compartía con sus compañeras la tarde en un balneario, mostrando toda la rutina diaria de una empleada y poniendo especial atención en los momentos de intimidad con la cámara, en El Cielo, La Tierra y La Lluvia la protagonista es Ana una retraída mujer de unos 30 años que trabaja en un pequeño almacén del campo sureño y cuida a su anciana madre postrada en cama, a través de Ana conocemos a 3 personajes más, Verónica la amiga de Ana que demuestra mucho ímpetu y desconfianza por la vida, Marta que tiene dificultades para sociabilizar debido a alguna enfermedad mental desencadenada por algo que no sabemos, y Toro un hombre de unos 35 años que vive solo y se dedica a la agricultura . Ana pierde su trabajo y va a parar a casa de Toro para ayudarlo en labores domésticas, Marta tiene crisis y se intenta suicidar en más de una ocasión, por su parte Verónica lidia con su destino, con lo que le tocó vivir y con sigo misma.

La película es un momento, no pretende ser nada más que eso, una súplica y un desahogo de los seres humanos que vemos como pinturas reflejados en la pantalla, una salida en el túnel, una visión borrosa de alguna esperanza, “El cielo, la tierra…” es una representación del ser humano despojado de todo condimento post-moderno, aquí fluyen las mismas pulsiones de las primeras sociedades varadas en la inmensidad de un universo que se ensaña con estas pequeñas hormigas que no tienen valor ni voluntad, pero Torres Leiva no denigra a sus personajes, por el contrario los quiere y entiende, prueba de ello es el exquisito plano secuencia de Ana caminando por la orilla de la playa, cruzando puentes deteniéndose y luego avanzando, escuchamos su respiración y entendemos su tiempo, nos ponemos en su lugar, nos fusionamos tal como ella con la naturaleza. La calidad técnica es perfecta, y bebe de varias fuentes visuales como la pintura impresionista, pero si debemos encontrar los autores que son padres de este film encontramos a Tarkovsky, Sokurov y hasta Antonioni, sin dejar de lados la tradición más clásica de Renoir o Bresson.

El cielo, la tierra y la lluvia es una ópera prima de un autor en ciernes, si bien está por debajo de la inteligencia interpretativa y narrativa de Obreras saliendo de la fábrica, no se queda debiendo nada alcanza mayor profundidad debido a la variedad de temas que pone sobre la mesa. Hay que tener ojo con Torres Leiva y esperar su próxima ficción.

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