Ojos Rojos: la pasión de un pueblo.









Una silueta se recorta sobre un edificio en Plaza Italia, es la sombra del monumento a Balmaceda y sobre él un individuo que agita de manera endemoniada una bandera chilena.

La celebración que sucedió a la clasificación de la selección chilena de futbol para el mundial de Sudáfrica 2010, nos deja esta imagen imborrable en la memoria colectiva, con ella comienza el documental “Ojos Rojos” de Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato e Ismael Larraín, una narración del periplo que “la roja de todos” realizó desde la eliminación de las clasificatorias de 2006 hasta el histórico partido de visita contra Colombia el 10 de Octubre de 2009. Como ya sabemos el resultado, 2-4 a favor de Chile, le dio finalmente los pasajes a nuestra selección al mundial de la FIFA después de 12 años, y terminó con uno de los periodos más lamentables de la historia de nuestro fútbol.

Ojos Rojos es un documental complejo, con muchos recovecos temáticos y narrativos como para pasar de soslayo su fin cinético, se encarga de someter bajo lupa la funcionalidad del juego, analizar antropológicamente la conmoción del triunfo, la dualidad de prensa, se esfuerza por estructurar una narrativa clásica de personajes, y hasta juega con el humor. Pero entre esta pretensión y el resultado hay dudas, es decir, todos los elementos dispuestos en escena están motivados y dispuestos para “contentar” a muchos públicos, y en cierta medida lo logra, pero su gran dispersión no termina por cuajar completamente ninguno de los temas que presenta.

Vamos por parte, el eje narrativo del film algo así como su columna vertebral y cronológica es el proceso clasificatorio, comienza con la celebración de la clasificación y hace un racconto para mostrarnos cómo llegamos a esto, incluso nos muestra unos partidos del proceso anterior encabezado por Nelson Acosta – es muy interesante el ojo crítico con que los realizadores contrastan este periodo tan lejano ahora en la mente -, esta unidad es netamente futbolera y de registro, se apoya en entrevistas a los héroes de la clasificación (Jean Bosejour, Gary Medel, Waldo Ponce, Matías Fernández, Claudio Bravo, entre otros), por otra parte tenemos un eje ciertamente antropológico que graba las celebraciones populares y a las personas anónimas, estas también se apoyan con entrevistas a escritores (Alfredo Galeano), presidentes (Evo Morales) y dirigentes del mundo del fútbol (Jorge Valdano) quienes dan comentarios sobre el fervor bipolar que genera en la población los triunfos y las derrotas de su selección, este eje es el más importante y profundo que genera el documental pues nos da un pincelazo sobre el comportamiento humano que exacerba su individualidad para convertirse en parte de una masa homogénea de sensación chovinista que borra los rasgos individuales, porque dentro de la masa se olvidan los problemas. Por último el documental nos presenta un personaje, un gran e inolvidable personaje, su nombre es Sergio Riquelme un locutor aficionado de una radio rural de Futrono quien representa a la prensa, pero no lo hace de una forma sindical ni nada menos, todo lo contrario es puesto para hacer una diferenciación entre prensa deportiva y espectador hincha, pues Riquelme se sitúa justo en el medio de estos dos mundos. Para un documental clásico este hombre seria su personaje principal, pero para Ojos Rojos no termina de serlo, y es aquí cuando comienzan los ripios de la película, si antes mencionaba su dispersión temática como uno de sus pecados, el desperdicio de Riquelme se transforma en la piedra de tope que le impide convertirse en una obra mayor.

Pero bueno expuesto lo anterior el lector podría pensar que no vale la pena ver Ojos Rojos, pero aquí se equivocan porque mi ánimo es totalmente el contrario, dicen por ahí que no hay documental malo, y a mis ojos esta película es una experiencia que hay que vivir, ya sea porque se trata del documental mas visto en la historia de chile (el anterior era Salvador Allende del gran Patricio Guzmán), o porque se trata del retrato de una épica futbolística antes no expuesta por el cine. Ojos Rojos tiene puntos que vuelan muy alto como la cinemática que imprimen los directores a los partidos de fútbol, muy al estilo de “Zidane A 21st. Century Portrait” (2006), donde el espectáculo futbolístico esta filmado de una manera tan particular que las imágenes nos abstraen de la realidad que estamos viviendo, y se asemejan más a una película de ficción donde la pelota corre sola o el árbitro levanta una bandera a una porción del juego el cual no vemos, nos sentimos en los pies de jugador cuando escuchamos tan claros sus latidos, respiros y sus disparos al arco, ayudados de manera magistral (aunque un poco reiterativa) del recurso del foley. También logra momentos memorables el espacio en el que Sergio Riquelme transmite el partido con Colombia desde un locutorio de radio frente a una televisión de 14” llena de estática y con escasas posibilidades de ver lo que pasa, o cuando el mismo personaje tras la eliminación de Chile para el mundial 2006 declara frente a cámara que el fútbol chileno tiene que sufrir una reestructuración total para obtener resultados, incluyendo a directiva y cuerpo técnico, solo el tiempo le daría la razón a este humilde señor con ganas de ser periodista deportivo. En otro momento dos hichas declaran que “el sustrato es el sentimiento… aunque no nos guste chile, nos gusta chile, somos chilenos”, y por último en conferencia de prensa después del partido de ida con Brasil tras perder por 3-0 Sergio Riquelme felicita a Marcelo Bielsa por el planteamiento ofensivo que mostró Chile después que un periodista más reputado de El Mercurio lo criticara duramente.

Con altibajos Ojos Rojos sortea de buena manera su visionado, y se convierte al fin en un buen documento sobre la pasión, el fervor y el comportamiento humano. Cabe mencionar que la sala de cine estaba repleta llena de gente enfervorizada y emocionada, y que apenas salieron los créditos se atrevieron a entonar un C-H-I, si una película documental puede generar esto debe ser por algo, en fin quizás todos ellos pagaron la entrada como todo día domingo para ir justamente a eso, a gritar, al igual que en el documental.

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