Discución sobre REC & Cloverfield

Abstracciones

por Angel Quintana

Hace diez años el cine de catástrofes ofreció al espectadorla posibilidad de participar en un videojuego. Los consumidores de Independece Day (R. Emmerich, 1996) podían superar diferentes pruebas que avanzaban según una lógica narrativa acumulativa. Monstruoso propone una curiosa vuelta de tuerca a esta lógica, ya que el jugador entra en el juego y vive la experiencia subjetiva de la catástrofe. Una cámara nos hace vivir la experiencia de la destrucción de Nueva York por un monstruo gigantesco. El cine de atracciones pasa a convertirse en un espacio perceptivo que cuestiona los límites de la propia subjetividad. Monstruoso podría ser vista como una simple reformulación del modelo blockbuster, si no fuera porque su dispositivo se expande hacia dos direcciones concretas. Igual que Soy leyenda (Lawrence, 2007), construye una visión apocalíptica del post-11-S, pero, a diferencia de aquélla, en Monstruoso las sensaciones virtuales apuestan por ficcionalizar la realidad.

Las nubes de polvo de cemento y de acero ocasionadas por la caída de los edificios resuenan como si fueran la reproducción a gran escala de los efectos del 11-S. Matt Reeves y el productor J. J. Abrams usan la ficción para enmascarar una realidad y para recomponer el inconsciente colectivo americano en torno a la caída de las torres gemelas. Es cierto que la cámara subjetiva nos remite a experimentos como REC (2007) o El proyecto de la bruja de Blair (1999), pero en Monstruoso los juegos con la verosimilitud del punto de vista son puestos entre paréntesis para enfatizar lo físico. La cámara no cesa de moverse a la captura de nuevos motivos visuales y sensaciones físicas, hasta conseguir que en determinados momentos sus movimientos bruscos no nos dejen ver cosas concretas, sino únicamente abstracciones puras. La película lleva a cabo un difícil experimento consistente en la reconciliación entre el blockbuster y el cine de vanguardia, acercándose a un camino que ya fue prefigurado por Paul Verhoeven en Starship Troopers (1997), película que Nicole Brénez colocó dentro de una antología del cine experimental.



Simulacros

por Carlos Losilla

No, no creo que haya nada de experimental, ni mucho menos de vanguardista, en esa tendencia del cine de terror contemporáneo que parece privilegiar la estética de lo real por encima de la narratividad tradicional. No lo había en El proyecto de la bruja de Blair, ni tampoco lo hay en las más recientes REC (Balagueró / Plaza) y El diario de los muertos (Romero). En el caso de Monstruoso, producida por J. J. Abrams, responsable de Perdidos, lo que importa es la introducción de la banalidad en una estética que siempre ha preferido el monumentalismo de lo gótico o de lo siniestro. Si el monstruo apenas se ve, no es por culpa de la extrema movilidad de esa cámara de vídeo que empuña uno de los protagonistas, sino porque ese cruce espurio entre Godzilla y la criatura de Alien apenas tiene importancia frente a los miedos de los protagonistas: téngase en cuenta que los veinte primeros minutos están dedicados a glosar sus penas amorosas durante una fiesta de despedida filmada como si se tratara de un funeral.



El envite al que tenía que hacer frente Monstruoso, pues, consistía en seguir alimentando la ficción terrorífica hollywoodense mediante el desplazamiento del interés hacia una ciudadanía en crisis, cuyo universo cotidiano se ha visto alterado por la posibilidad constante de la desaparición: los asuntos del corazón, de este modo, se entrelazan con la amenaza latente de la Tercera Guerra Mundial, ésa que ya está teniendo lugar. Es la tradición del Hitchcock de Los pájaros, del Polanski de La semilla del diablo o del propio Romero de La noche de los muertos vivientes. La posibilidad del Apocalipsis real encarnada en un pequeño Apocalipsis íntimo. Pero Abrams y Reeves no lo consiguen, por una razón: al contrario que los cineastas citados, no saben densificar el espectáculo para que vaya más allá de sí mismo, se limitan a una pirueta estilística cuyas imágenes movedizas y difusas no provocan turbulencia alguna, sino, como mucho, algún que otro mareo. Y es así como una película de terror que simplemente pretendía una reelaboración de determinados clásicos se convierte en el simulacro de un relato electrónico que acaba contando lo de siempre.

***bajo mi mirada: fuga de la realidad


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