La moral de la comedia

Entrevista a Eric Rohmer.
Realizada por Jordi Torrent. París, junio 82.

«Quel esprit ne bat la campagne Qui nefait cháteaux en Espagne»

Ese es el proverbio de La Fontaine que Eric Rohmer ha elegido para presentar el segundo film de su serie «Comedies et Proverbes». Después de La femme de l’aviateur, Rohmer nos presenta ahora Le Beau Mariage. Rohmer nos introduce en el mundo de una estudiante de arte que se cansa de lo progre y decide casarse, para ello debe primero encontrar marido. Sabine (Beatrice Romand), la estudiante, parte a la caza del hombre rico, guapo y formal. La presa es un abogado llamado Edmond (André Dussolier). Clarisse (Arielle Dombasle), la amiga-confidente de Sabine, intenta llevar la empresa a buen término. Tema espinoso si no se quiere caer en lo vulgar o en el más brutal de los aburrimientos. Rohmer ha realizado ahí un «tour de forcé» arriesgado. Hemos encontrado a Rohmer para que nos hable de la experiencia de Le Beau Mariage.




Cuándo empezó a trabajar, ¿cómo surgió el tema de Le beau mariage?

Se trata de temas que me interesan desde hace tiempo. Tardo en componer mis temas y, en general, compongo varios temas a la vez. Son temas que se entretejen en mi espíritu.


Durante la proyección de Le Beau Mariage el público reía a menudo. La faceta cómica de algunos personajes de anteriores films suyos está ahí evidenciada. ¿Es esa su intención?

Sí, puesto que he llamado a este conjunto «Comedies et Proverbes», aspiro a hacer algo cómico: comedias. Pero una comedia no es necesariamente algo muy cómico. Maribeau, por ejemplo, no es tan gracioso…, no es tan cómico como otros escritores de comedias. Estoy muy contento si la gente ríe. Opino que es mucho más difícil hacer comedia que tragedia; o que mostrar las cosas sin ningún color, ni cómico ni trágico, como a menudo se hace en el cine. Mostrar la realidad como documento no es tan difícil, basta tomar la cámara y filmar. Pero mostrar las cosas de manera que eso haga reír a la gente es algo más difícil. Máxime cuando se aspira a hacer algo nuevo, algo que se salga de la vulgaridad y del cómico fácil que abunda en la mayoría de films llamados cómicos.

¿Cómo definiría usted sus «Comedies et Proverbes»?

En «Comedies et Proverbes» me sitúo menos en el plano moral que en los seis «Contes Moreaux». En los «Contes Moreaux» hay referencias a la moral, a un sistema de vida, a reglas, etc. En este nuevo conjunto de films no se trata de lo mismo. Las «Comedies et Proverbes» tratarán principalmente de la dificultad de las relaciones amorosas… El obstáculo para el amor no es la moral, sino la dificultad en encontrar alguien que responda. Es decir, la dificultad de encontrar en el otro los sentimientos de uno. Es un esquema clásico que corresponde a algo hecho en la literatura francesa, me refiero al amor desgraciado: alguien que quiere y no es que rido. El modelo más clásico es el de Andromaque de Racine, en esa obra Oreste ama a Hermione, la cual ama a Pyrrhus, el cuál —a su vez— ama a Andrómaca. Se trata del amor sin respuesta. En este último film nos encontramos con una chica que ama o cree amar a un hombre que no la ama, pero en otros se irá todavía más lejos, será como una cadena parecida a la de Andrómaca.

Me parece que este tipo de relaciones se sitúan en un mundo más contemporáneo…

Sí, las «Comedies et Proverbes» son más modernas que los «Contes Moreaux». El contexto de «Contes Moreaux» está datado, se sitúan en el interior de una sociedad que tiene una moral determinada. En «Comedies et Proverbes», al contrario, se trata de sentimientos que yo llamo eternos, y por ello moderno.

Me sorprendió el tipo de relaciones que las mujeres mantienen entre sí en Le Beau Mariage. Hay ahí una complicidad femenina que no encontramos en otros films suyos.

Eso no existía en los «Contes Moreaux», en ellos no hay ningún tipo de complicidad entre las mujeres, no hay en ellos amistad femenina. Hay amistad entre los hombres, pero todas las mujeres estaban aisladas. En este nuevo conjunto habrá complicidad entre las mujeres. Por lo general, las «Comedies et Proverbes» tratarán mucho más de las mujeres, tal vez no desde el punto de vista femenino, para ello se debe ser mujer… Pero en estos films la mujer será el personaje central. En el primero (La Femme de l’aviateur) no está muy claro ya que se trata de un joven alrededor del cuál todo gira. Pero en los otros, en los que estoy trabajando actualmente —así como en este último— estamos en el mundo femenino. Esa es la gran diferencia respecto a los «Contes Moreaux», las «Comedies et proverbes» estarán de lleno en el universo femenino.

¿Existe una razón específica para ese cambio de interés?

Es muy simple: para cambiar. Parto de ese principio. Busco la variedad. También porque creo que no he mostrado suficientemente las relaciones entre mujeres. Opino que las relaciones femeninas apenas se muestran, o de un modo demasiado convencional. Por el contrario, las relaciones entre los hombres las hemos visto mucho.


¿Hay ironía en la visión que usted da de Sabine?

No, pero me gusta una verdad. Quiero mostrar esos personajes en su verdad, sin levantar juicio. Yo no los condeno ni los apruebo. Pienso ahí en algo que se ha dicho de Racine: «Comedie pinta los hombrescomo deberían ser mientras que Racine los pinta como son». Yo quisiera pintar los hombres como son, dando a «son» un sentido clásico. Los actores han aceptado interpretar esos personajes de ese modo, huyendo de una carga burlesca. Interpretar un personaje ridículo u odioso no hubiera sido difícil para el actor; pero interpretar identificándose con el personaje, aceptando rasgos y gestos de los personajes que puedan no gustar, es más difícil. Beatrice Romand y André Bussollier han aceptado interpretar de ese modo. Es decir, asumir todos los defectos del personaje, sin mitigarlos ni exagerarlos… Sin estar seguros del juicio que se dará de ellos. El actor no sabe lo que el público pensará de su personaje… Cuando un actor hace de malo, sabe que el público lo captará como personaje malo…, el actor sabe cuándo interpreta un personaje ridículo, por ejemplo. Pero cuando interpreta personajes como ésos, no sabe si será ridículo, simpático o antipático, no sabe. Lo que me gusta, lo que busco es que los espectadores tengan opiniones dispares. Cuando me dicen que mis personajes están mal tratados, que hay una visión perversa de ellos; o que son egoístas, desagradables, insoportables…, o —al contrario— cuando me dicen que han simpatizado con ellos, que se han identificado, etcétera. Lo acepto, me gusta la diversidad de opiniones entre los espectadores.


Usted ha afirmado que no pone símbolos en sus films. Sin embargo, hay algunas escenas en Le Beau Mariage —la de la catedral, por ejemplo— o actitudes de los personajes —la atracción de Sabine hacia el exterior, hacia la luz— de las que me gustaría que me hablara.

La escena de la catedral puede ser interpretada de mil modos distintos. Pero a mí me gusta dejarla así… Que la gente la interprete como quiera. Sin embargo, es cierto que la arquitectura está presente en este film, pero no simbólicamente… En la revista Cine mato graphe, por ejemplo, se preguntan la razón por la que Sabine mira a través de la ventana cuando está en el despacho del abogado. No sé explicarlo


Este plano me gustó mucho.

Sí, es muy importante para mí. Contrasta con la escena de la boda, en la que Sabine mira el paisaje del campo. El espectáculo que ve desde la ventana del despacho es algo extremadamente frío, tal vez ahí Sabine se da cuenta de que ese hombre no le conviene. Pero este plano puede también leerse de un modo más sutil: la atracción que siente Sabine por los grandes espacios. Ella está a menudo encerrada —en su habitación, en la tienda, etc.—, cada vez que se encuentra frente a grandes espacios intenta escaparse. Otro aspecto del personaje es la fascinación que siente por el sol. Eso es evidente ya que compra imágenes solares, tiene una lámpara en la que ha hecho dibujar un sol, etcétera. No sé nada, mis personajes son así. No le doy importancia, pero —en resumidas cuentas— he sido yo quien ha elegido eso. Hubiera podido elegir otra cosa y no lo he hecho.


De los «Contes Moreaux» usted afirmó que se trataban de unos personajes en busca de una historia ¿Cómo sitúa usted a los personajes de las “comedies et proverbes”?

Son personajes que quieren vivir algo. Están en un mundo en el que no se teme a los acontecimientos, sino a la monotonía de la vida. Se quiere que algo llegue, que algo llegue con gran fuerza. Al contrario que en otros mundos —como en el de la mayoría de los mitos— en los que el hombre es feliz y se teme al peligro que puede avecinarse, en el universo de las «Comedies et Proverbes» los acontecimientos no son temidos. En este sentido, mis personajes se sitúan en un mundo moderno, las historias tradicionales no están construidas sobre este esquema. Hay una excepción, absolutamente satírica, que es Don Quijote. Don Quijote es moderno en relación a la caballería, es una caballería reinventada por pura imaginación… En este aspecto, Le Beau Mariage se parece a Don Quijote, se trata de una chica que piensa en el amor, en el matrimonio… Ella reinventa un sueño que las chicas tenían en otros tiempos a los quince años, sueño que ya no se tiene ahora… Sabine reinventa a los veinticinco años el sueño de sus quince. Del mismo modo que Don Quijote reinventó a los cincuenta la caballería.

¿Está contento del resultado del film?

Personalmente sí. Creo que es lo que quería hacer, quería hacer algo que es un poco arriesgado…, un equilibrio entre la ironía y la constatación de la realidad. Estoy muy contento de la interpretación de los actores. No quería sobrecargar, se hubiera podido cargar esta pieza teatralizándola, caricaturizándola… Este film hubiera podido interpretarse como una pieza de «boulevard», pero yo quería que se interpretara de un modo simple y realista. El actor no interpreta a lo cómico, sino que se siente profundamente penetrado por su personaje, los cuáles pueden llegar a ser patéticos, pero el efecto que producen en el público puede ser cómico. Eso es lo que busco, no me gusta el cómico que guiña el ojo al espectador. Mi cómico preferido es Buster Keaton, el hombre que no ríe pero que hace reír.

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