Oceanografía de la ausencia

La Hamaca Paraguaya, de Paz Encuna (Paraguay, 2006)

Ante La hamaca paraguaya es preciso llamar la atención sobre varias sorpresas que nos aguardan. En primer lugar, sobre el auténtico milagro que representa su propia existencia, a partir de sus peculiares condiciones de producción. Primer fruto del proyecto New Crowned Hope (Festival de Viena 2006, conmemorativo del 250 aniversario del nacimiento de Mozart), del que también han surgido las nuevas películas de Tsai Ming-liang, Apichatpong Weerasethakul o Bahman Ghobadi. Este primer largometraje de Paz Encina, presentado en Cannes-2006, es una múltiple coproducción que ha permitido poner en pie la primera película paraguaya en 35 mm. en más de treinta años y uno de los filmes más radicales y fascinantes que han llegado a las carteleras españolas en los últimos tiempos. Esta es la segunda de las sorpresas y sin duda la más importante un gran esfuerzo al servicio de una obra que se aleja de lo convencional y se adentra por los caminos del riesgo y la diferencia. La hamaca paraguaya narra una historia ambientada en un tiempo inconcreto, pero que podríamos situar en un momento histórico muy preciso: la guerra del Chaco, que enfrentó a Bolivia y Paraguay entre 1932 y 1935. Este relato ocupa la banda de sonido de la película, monopolizada por el diálogo entre dos ancianos, Ramón y Cándida, que hablan de una guerra a la que ha sido movilizado su hijo; una guerra lejana en el espacio pero no sabemos si también en el tiempo. La banda de imagen se compone de muy pocos planos, algunos de una duración inusitada, superior a los quince minutos –para una película de apenas hora y quince- y de escaso movimiento interno: casi fotos fijas que nos hablan de un tiempo detenido y ralentizado, de una espera permanente que no sabríamos datar, algo que la distancia con la que la cámara se sitúa con respecto a sus personajes sentados en la hamaca parece amplificar.



Contemporaneidad o recuerdo

La asincronía entre imagen y sonido nos hace dudar si lo que oímos es contemporáneo de lo que vemos o un simple recuerdo. Casi estamos llamados a pensar que Ramón y Cándida se han hecho viejos esperando las noticias de su hijo, del que nunca sabrán si está vivo o muerto, del mismo modo que el espectador se interroga sobre el movimiento y la cadencia de las imágenes- El relato ha sido desplazado al fuera de campo y lo no representado cede su lugar a lo contemplativo. En la película de Paz Encina hay algo de El cielo sube (M. Recha, 1991), en especial su nada disimulado elogio de la siesta, y de ese cine que ha puesto en primer plano la crisis de la representación. Y no me refiero tanto a un cine en la tradición experimental, como a esa línea que podrían representar L’Homme atlantique, de Marguerite Duras, o Branca de neve, de Joao César Monteiro (con sus cielos azules reemplazadas aliara por unas nubes amenazadoras) títulos que se han visto abocados a la pantalla negra, al abismo de la representación, confinando el relato a la banda de sonido. Un cine que en su rigor parece pasto boy en día del museo, lujo que el invento de los hermanos Lumière no se debería permitir. Antes que un experimento formalista, la propuesta formal de La hamaca paraguaya es por encima de cualquier otra cosa una bellísima metáfora de la ausencia y el vacío


articul de Jaime Pena en Cahiers du cinema españa nº3

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