El futuro: por los Iberoamericanos

¿Como creador, cómo se afronta la práctica del cine frente a un futuro de cambios y transformaciones en la naturaleza de las imágenes?

Carlos Reygadas [Japon, Batalla en el cielo]

Si la pregunta se refiere al tratamiento digital y a las imágenes generadas por ordenador, no creo que se trate de cambios en su “naturaleza” y por eso pienso en ellos de forma tangencial y sólo a nivel técnico. La cámara de cine, desde que se inventó (con todas sus carencias originales), genera en el ser humano la sensación de ver la realidad y ésa es, en cuanto a imagen se refiere, la esencia inmanente del cine. Desde entonces, se ha realizado un cine de imagen naturalista y otro de imágenes que reinterpretan la realidad. Pero incluso en el segundo caso, la sensación psicológica resultante es la de estar frente a la realidad. No veo que eso pueda transformarse con avances de este tipo. Me parece que el espectador se relaciona de igual manera con Intolerancia de Griffith, Senderos de gloria de Kubrick y con Los hijos de los hombres de Alfonso Cuarón.

Victor Erice [El Sur, El sol del membrillo]

¿Qué clase de cambios y transformaciones? Habría que precisar… Preguntarnos también de qué hablamos o queremos hablar cuando, quizás por inercia, hoy decimos la palabra cine. Aunque se puedan ver, de cuando en cuando, buenas películas, la sensación -algo más que la sensación- que uno tiene, cuando echa una ojeada a su alrededor, es que el cine es cosa del pasado. Y que el Audiovisual, con todo lo que eso supone, constituye nuestro presente, lo establecido. En fin, al margen de las abstracciones, y a modo de respuesta: como cineasta, yo sólo trato de sobrevivir día a día.

Pedro Almodóvar [Volver, Todosobre mi madre]

Mis películas están basadas, cada vez más, en guiones muy férreos, o eso pretendo, en los que todas sus imágenes son corpóreas, incluso las más imposibles -por ejemplo la vagina gigante de Hable con ella- también lo son. Pocas veces he usado técnica digital: en la misma película tuve que insertar la cabeza de Rosario Flores en el cuerpo de un torero. Eso antes no hubiera sido posible, pero ambos eran reales, físicos, quiero decir que nunca he utilizado imágenes sintéticas. Mis películas giran alrededor de los personajes y sus peripecias. Las emociones son las que mandan y a ellas accedo a través de los actores, de la luz, de los colores y de la música y todo ello lo elaboro de un modo totalmente artesanal. Aunque todo está en el guión, sería incapaz de rodar toda una película siendo fiel a un story board. Necesito libertad para incorporar todo lo que se me ocurre en el momento de rodar. Una película es algo vivo y por mucho que hayas ensayado hay una energía única que sólo se da después de decir: “Motor-Acción”. Y no quiero renunciar a esa libertad, a la capacidad de improvisar y adaptar. Y así pienso seguir haciéndolo, aunque técnicamente las posibilidades se hayan disparado hasta el infinito.

Arturo Ripstein [Profundo carmesí, El evangelio de las maravillas]

Antes se necesitaban grandes cámaras, mucho material fotográfico, laboratorios y grandes aparatos para el sonido. Las nuevas plataformas me ofrecen ahora la posibilidad de coger una cámara muy pequeña, resolver todo el rodaje con ella y tener el equipo de posproducción de la película en un ordenador. Esto es lo positivo, lo que me da libertad para hacerlo más barato. Ahora bien, lo cierto es que los nuevos formatos no propician nuevas imágenes, sino tan sólo nuevas formas de rodar. Está bien que la práctica del cine se democratice de alguna manera, pero eso es precisamente el desastre. En la democratización está la mierda, el enorme caudal, el imparable alud de mierda que se nos viene encima… porque ahora cualquiera puede hacerlo. Por supuesto, detrás de la mierda aparecerán algunas joyas, sin duda, porque si hay muchas películas, alguna estará bien.

Lisandro Alonso [La libertad, Los muertos]

Últimamente he visto muchas películas terminadas en vídeo en diferentes festivales de cine. No tengo demasiado claro sobre lo que realmente se está hablando cuando nos referimos a la naturaleza de las imágenes, pero como realizador de corta experiencia y no desde el conocimiento de un director de fotografía, creo que estas nuevas tecnologías distan mucho del resultado que finalmente podemos lograr con la imagen y con el sonido. Salvo raras y contadas excepciones, los resultados que he visto se alejan muchísimo de lo que a mí puede interesarme. Muchas de las películas terminadas en vídeo tienen una calidad de imagen muy difusa y su sonido todavía lo es más. Esas cintas, en vez de aportar al cine una concepción estética diferente, consiguen lo contrario: que gran parte del público se reafirme como gran consumidor de un cine muy costoso, filmado con equipos de gran tecnología que están muy fuera del alcance de cualquier estudiante o director que no trabaje en Estados Unidos. Me parece que el problema no es tanto filmar en vídeo sino que rara vez estas películas pueden terminarse en35mm y tener un sonido digno. Me parece que el vídeo necesariamente debe pasar por un laboratorio de imagen, ser dosificado y ver cuantas veces sea necesario diferentes pruebas de contraste, exposiciones, emulsiones, etc., hasta llegar a la luz y textura indicadas para esa película. Lo mismo pienso sobre el trabajo de sonido. De lo contrario, sólo queda la experiencia de registrar algo que dista mucho del trabajo cinematográfico y lejos está de la ceremonia que representa para mí sentarse en una sala por unas horas y disfrutar de una labor estética. Esas películas que veo proyectadas sólo en las pantallas de los festivales nunca logran una calidad proporcionada para ser proyectadas en salas comerciales, cinematecas, centros culturales, etc. Estos nuevos métodos de trabajo sólo se intensifican por lo difícil que es hoy en día encontrar dinero para realizar películas que se salgan de lo convencional o lo televisivo. Aprendí de estudiante que los nervios que me produce saber que el chasis cargado de la cámara está por acabar, que las horas pasan y todavía seguimos iluminando, que las jornadas de trabajo y el dinero no es lo que sobra… todo eso no logro sentirlo con una cámara de vídeo. La tecnología digital sólo sirve si hay un director, trabajo y seriedad detrás de la cámara. Sería un enorme placer encontrar películas como Juventude em marcha y Honor de cavallería todos los días, pero lamentablemente no me pasa y lo que encuentro son imágenes difusas que ocasionalmente logran algún sentido. Sinceramente, no creo que todavía se pueda hablar seriamente de una tecnología digital que supere los logros visuales que pueden dar las películas súper en 8,16 o 35 mm, y es muy probable que siga prefiriendo la imagen de los hermanos Lumière a la de las últimas cámaras electrónicas.

Lucrecia Martel [La ciénaga, La niña santa]

La cuestión que más me llama la atención de este nuevo mundo de imágenes es la de la autoría. Entendiendo la autoría como la voluntad que define y da existencia a las cosas. Cualquier persona que tenga acceso a Internet puede sobrevolar el planeta en pocos minutos. Con Googleearth, por ejemplo. Según dicen algunos diarios, estas ofertas de imágenes tomadas por satélite generan riesgos estratégicos en las zonas de conflicto, como Irak, donde ha sucedido que ciertos grupos iraquíes utilizan esa información para dirigir su ataque. Y se ha obligado a Googleearth a desactualizar ciertas regiones, de modo que no aparezcan los asentamientos militares de los aliados que hoy tienen.

El maravilloso mundo de la nueva tecnología nos lleva a las mismas viejas preguntas: esto que parece la realidad, lo real, lo natural, ¿cuánto de voluntad, de decisión magnánima o miserable encierra? Estas increíbles herramientas de construcción de imágenes y sonidos, ¿a la felicidad de quién contribuyen? ¿Por qué aceptamos que eso sea correcto de forma tan natural? ¿Es correcto que una fuerza armada por motivos de abastecimiento de petróleo haga uso de imágenes tomadas por satélite para hacer más efectiva la apropiación de un territorio mientras que la fuerza armada que resiste esa ocupación no lo haga? La pregunta puede parecer falsa. Pero lo que deseo señalar es que todos asumimos con bastante naturalidad el hecho de que se altere una imagen pública del planeta en función de las mezquinas ambiciones de un gobierno. En fin, la realidad se crea con decisiones humanas. La voluntad que define la forma espacio-temporal de nuestro planeta no es ajena a la guerra. Esta cuestión tan evidente, ser autores, es difícil de aceptar porque nos hace responsables de la realidad. Incluyendo la pobreza y todas sus calamidades. Innumerables e incontrolables registros en vídeo de marchas, piquetes, enfrentamientos con la policía, hicieron posible conocer otra versión de los hechos, y poner en jaque al poder. Y sí, efectivamente, esa posibilidad vino de la mano de cámaras más pequeñas y baratas. Creo que era adolescente cuando entendí que detrás de una película había un autor y no una empresa, o un país. Y eso fue viendo por la televisión pública un ciclo que emitía la obra de Carlos Saura. De chica entendía la idea de autor sólo en relación a los libros. Cuando apareció el vídeo y mucho más tarde el DVD, pensé que la proximidad con los libros era mayor, uno podía hacerse con una videoteca de sus autores favoritos. Cosa que nunca hice. Se trata de un modelo que ya tiene siglos: una historia tiene un autor. Quizás sea eso lo que más me interesa de la actual transformación en los medios audiovisuales. No tanto el dispositivo técnico, ni la cuestión económica del acceso a esos medios, que es un punto crucial políticamente, sino la cuestión de la autoría. Porque hace evidente la naturaleza de lo real, como construcción, con más contundencia que cualquier manipulación de la opinión pública. No estamos hablando de una noticia falsificada, sino de la imagen de un planeta adulterada con las mismas herramientas con que se rejuvenece el rostro de una celebridad. Pero hay algo magnífico que estoy siguiendo y que no sé en qué terminará. Y es la posibilidad que tiene esta tecnología en torno a las narraciones grupales. Un ejemplo obvio: alguien cuelga una peliculita en Internet, otro toma eso, lo altera, vuelve a colgarlo y otro responde a ese segundo relato con una nueva peliculita, y el navegante se acerca a todo ese material, con sencillísimas posibilidades de contactar con sus autores y de tomar ese material y agregar nuevas alteraciones. ¿Cómo almacenar este proceso bajo un nombre propio? ¿Cuándo detenerlo? ¿Cuándo considerarlo terminado? Estas producciones audiovisuales se acercan a los modos de la narración oral, tribal, en las que la identidad del autor se disolvía en una serie infinita de alteraciones y repeticiones. La idea de contacto se potencia. Y el todo narrativo se torna un proceso que nadie puede confundir con un mensaje. Eso se parece mucho más a lo que yo pienso del cine: un proceso de pensamiento emotivo y compartido. Alguien puede decir que lo inmediato y banal de este procedimiento no puede compararse con los tiempos de los procesos literarios o cinematográficos, ni con la complejidad y calidad que implican. Ya veremos.

Pablo Trapero [Mundo grua, El bonaerense]

Desde la pintura hasta el cine pasando por la fotografía, las imágenes siempre se han ido modificando por cuestiones tecnológicas. Mi desafío cotidiano, como realizador, consiste en ver cómo adaptarme y cómo comprender las transformaciones por las que debe pasar el relato para armonizar con las mutaciones de la imagen que generan las nuevas tecnologías. Yo pongo mucho énfasis en la búsqueda de la imagen. Una parte esencial del trabajo en mis películas tiene lugar en el laboratorio y en permanente diálogo con el equipo técnico, pues necesito hallar la imagen que defina la película, y encontrar así una forma de narración a partir de esa cualidad de la imagen. A medida que el celuloide vaya dando paso a otras formas de registro de las imágenes, se va a ir produciendo un cambio en el lenguaje cinematográfico que no me animaría a predecir, pero que considero inevitable. Al igual que se produjo un cambio del lenguaje cuando la cámara bajó del trípode, cuando se cambió del blanco y negro al color o al pasar del celuloide al vídeo. Todos estos cambios trajeron nuevos modos de investigar en la narración. En principio no es un problema, sino que es atractivo, porque cada formato de registro me ayuda a encontrar el tono de la película y de la historia que quiero contar.

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